Polen

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Descripción

El polen es el órgano reproductor masculino de las flores, que la abeja recoge y enriquece con secreciones propias, para poderlo transportar en sus patas a la colmena. Es la fuente de proteínas y base en la alimentación de las abejas. Es un alimento muy completo y valioso. Su contenido proteico es 3 veces superior al de la carne. Posee los 23 aminoácidos necesarios para el organismo y casi todo el espectro vitamínico. Tiene una gran riqueza en minerales, sobre todo hierro; y más de 20 oligoelementos. Además contiene enzimas, ácidos orgánicos, flavonoides y fibra.
Debido a su extraordinaria composición, es considerado el complemento alimenticio de más rápido efecto sobre el organismo. Sus propiedades vigorizantes se deben a su intensa acción estimulante.
Básicamente podemos decir que el polen reequilibra, estimula, tonifica y desintoxica. Resulta efectivo cuando es necesario mejorar el aporte nutricional (niños, adolescentes, tercera edad, anemia, convalecencias, anorexia, embarazos, desnutrición, alcohólicos, artrósicos, reumáticos, asténicos, enfermos terminales, etc.). Para los diabéticos es un sustituto ideal por su bajo contenido en azúcares y su gran riqueza nutritiva. También es aconsejado como suplemento regular para vegetarianos. Es el único nutriente conocido para la próstata, rejuveneciendo y activando este órgano glandular masculino, aconsejado en adultos a nivel preventivo y resulta altamente efectivo en casos de hipertrofia, inflamación y adenoma, resultando incluso recomendable en cáncer avanzado.
También es efectivo en afecciones de vejiga y riñón.
Por su alto contenido en hierro, aumenta glóbulos rojos. Reduce la formación de placas de colesterol, debido al contenido de ácidos grasos insaturados.
Su consumo regular fortalece capilares, venas y arterias -revertiendo el proceso de endurecimiento- y estabiliza la tensión arterial.
Es un singular regulador del tránsito intestinal, tanto en caso de estreñimiento como de diarrea.
Es también un excelente regulador metabólico, útil en estados de adelgazamiento y anorexia.
Asimismo está indicado en afecciones hepáticas y en úlceras duodenales.
En el ámbito neuropsíquic, es aconsejado en neurastenias, estados depresivos, disturbios de la memoria, insomnio, ansiedad, estrés, astenia psíquica, abstinencia alcohólica o tabáquica, etc. Su contenido en triptófano -aminoácido precursor de la serotonina- es responsable en parte de estos efectos.
También el polen aporta mayor resistencia a la fatiga intelectual en periodos de intensa actividad mental y visual. Su uso, sobre todo mezclado con miel, incrementa el rendimiento muscular y el umbral de fatiga. No posee contraindicaciones, a excepción de aislados casos de alergia. No confundir con la alergia al polvo de las flores que entra en el organismo por vías respiratorias, donde el polen se comporta como cuerpo extraño.
Por ingesta, es escaso su poder alergénico, pudiendo manifestarse enrojecimientos y picazón en la piel. Por ello se recomienda una prueba inicial con baja cantidad, antes de comenzar el consumo regular.
Para preservar su gran potencial, debe estar alejado de fuentes de humedad y de la luz directa. Debe consumirse dentro del año, pues después empieza a perder propiedades, especialmente al inactivarse las vitaminas. Es preferible la coloración variada del polen multifloral, garantía de mayor riqueza constitutiva respecto al monofloral.

Cocción / usos: Para el adulto se aconsejan dos cucharadas soperas diarias en ayunas, dosis indicativa y que debe adecuarse al estado de cada persona. Debido a la incompleta asimilación del polen seco en granos, se aconseja consumirlo macerado en miel -tal como hace la abeja- o al menos remojado previamente en líquidos fríos durante varias horas.
La maceración en miel es una imitación de lo que hace la abeja para poder asimilar y conservar el polen: al introducirlo en la colmena, lo mezcla inmediatamente con miel. Forma así el llamado «pan de abejas», asimilado al 100% por su rudimentario aparato digestivo y que se conserva durante meses a pesar de los 37ºC de temperatura y la alta humedad que tiene la colmena.
A nivel de asimilación, el ser humano comparte necesidades con la abeja. Sólo un 30% del polen ingerido seco en granos, consigue ser absorbido en nuestro tránsito intestinal, evacuando el resto como fibra vegetal. En el pan de abejas, la miel humecta la fibra y la agrieta, estabilizando después el delicado contenido interior del grano con su gran poder conservante. Por esta razón una pequeña cantidad de miel con polen otorga más resultado que dosis mucho mayores de polen seco.